Café y cacao: México en picada

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Lo que nos sucede en México o lo que hacemos que suceda: hace diez años éramos el cuarto productor de café en el mundo; ahora somos el noveno. En exportación, pasamos del lugar cinco al 11.

 

En producción de cacao, hace 20 años, ocupábamos el lugar siete; ahora estamos en el 14.

 

En 1993, producíamos anualmente 60 mil toneladas de cacao, de las que se exportaban 20 mil; ahora producimos alrededor de 30 mil toneladas e importamos 18 mil, más 85 mil toneladas de subproductos del cacao. La superficie destinada a este cultivo pasó de 80 mil hectáreas a 55 mil.

 

Algo dejamos de hacer o algo hicimos mal. Nadie puede estar orgulloso de estos resultados.

 

Jorge Aguilar Reyna, presidente de la Asociación Centro Agroecológico San Francisco (CASFA) de la región del Soconusco, en Chiapas, no lo está. Desde su perspectiva, la apertura abrupta al mercado internacional incidió directamente en estos decrementos, además de otros factores, como la falta de una política pública de apoyo y aliento a la producción y a la comercialización.

 

Ganador, junto con los mil 200 productores que conforman la Asociación, del Premio Nacional de Exportación 2013, en la categoría de pequeñas y medianas empresas agropecuarias, que otorgan la Secretaría de Economía y el Instituto Nacional del Emprendedor, don Jorge ve luces y sombras en el panorama del café y el cacao en México.

 

Habla de las sombras; insinúa las luces.

 

Una de las salidas es la producción de cacao aromático, en la que México puede ser líder. Vender cacao industrial es condenarse a los precios del mercado internacional. La calidad distingue, se vende mejor y genera demanda fiel.

 

Para ello, hay que agregar a los procesos de cortar y secar, el de la fermentación. Sin fermentación del cacao, no hay chocolate, dicen los europeos, que consumen la mitad de la producción mundial.

 

Las grandes empresas instaladas en México consumidoras de cacao están importando grandes cantidades, y cuando lo compran en el país lo hacen a precios internacionales, en muchas regiones como únicos compradores.

 

A la apertura, siguió la caída de los precios. El gobierno ofreció medidas compensatorias a los productores, que todavía siguen esperando.


Falta mayor interlocución entre productores y gobierno, dice don Jorge. Y faltan medidas audaces, como trabajar mediante asociación, como se hace en otros países. El gobierno, en lugar de prestar, se asocia, y recupera una vez que el proceso se comercialización termina.

 

Pero no existe esta opción, como tampoco crédito relevante por parte de la banca de desarrollo.

 

La industria del cacao genera hoy 60 mil empleos, que irán a la baja si no se contiene la caída de la producción.

 

Jorge Aguilar entrevé algunas luces: el Premio Nacional de Exportación a la asociación que preside representa un reconocimiento, una confirmación de que sí se puede mejorar. Así lo demostró CASFA, al abrir mercado para sus productos en seis países.


“Como hay petróleo, no se ve la necesidad de impulsar otras vías de crecimiento, especialmente del campo”, lamenta, pero no quiere dejar una visión pesimista al despedirse: “Nosotros estamos optimistas, hay caminos, se puede”.

 

Fuente: El Financiero

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